Navegantes de mares tempestuosos. Una chalupa que solo puede virar a babor. Piratas en guerra contra la civilización del capital. Motín luddita. Corsarios sin patente. Ladrones de libros. Necios rodaballos. Salmones a contracorriente. Gente que piensa a la intemperie. Izquierdistas críticos. Socialistas salvajes. Comunistas primitivos. Una democracia popular de las letras. Sombras. Fantasmas. Eso somos. Y mucho más.

Quien quiera detalles adicionales, puede leer estas breves consideraciones de Ariel Petruccelli.

Quien necesite algunas precisiones sobre nuestro nombre legendario de origen chilote, las podrá hallar en el ensayo de Federico Mare «La fantasmagoría de Kalewche». En otro sentido conexo, como lo es la tradición artístico-literaria de la Nave de los Locos en la cultura occidental, las encontrará en el editorial de CR7, Stultifera navis.

Quien, finalmente, quiera saberlo casi todo, puede ir directamente a nuestro Manifiesto.

Pero como casi todo no es lo mismo que todo, sugerimos también leer (esta vez la curiosidad no matará al gato) nuestro ensayo colectivo de reflexión y autorreflexión «¿Una república de las letras?».