Ilustración original de Andrés Casciani
El 7 de diciembre del año pasado, el tradicional diario británico de izquierdas Morning Star publicó una nota interesantísima de Mat Coward acerca del folclorista Joseph Ritson, el «inventor rojo» de Robin Hood. Nos enteramos de esto gracias a nuestro camarada español Carlos Valmaseda, el infatigable editor de las Misceláneas en la página web de Salvador López Arnal.
Injustamente poco recordado, Ritson es uno de los personajes más fascinantes y entrañables de la Inglaterra dieciochesca, esa Inglaterra ya capitalista y liberal, en vías de industrialización, totalmente lanzada a la expansión imperial de ultramar, que asiste inquieta –por momentos espantada– a la formación de la clase obrera en sus ciudades fabriles y distritos mineros, como así también a la Independencia de Norteamérica y la Revolución Francesa (que combatirá a muerte, como amenazas existenciales al statu quo monárquico-colonial). La leyenda medieval y rebelde de Robin Hood, tal como la conocemos hoy (un ejemplo paradigmático de «bandolerismo social», al decir de Eric J. Hobsbawm, quien acuñó este concepto en su libro de 1959 Primitive Rebels), no existiría sin Joseph Ritson y su moderna labor de recuperación e imaginación históricas, una labor tan típicamente romántica como radical.
Compartimos a continuación el texto de Coward, traducido por nosotros del inglés. Las aclaraciones entre corchetes son nuestras.
Algo más, lo último: el tema musical de la serie televisiva The Adventures of Robin Hood, al cual el autor hace nostálgica y jocosa referencia en el remate del artículo, puede ser escuchado aquí. Varios episodios de esta popular tira británica de los cincuenta (un clásico de la pantalla chica en blanco y negro que alcanzó amplia notoriedad internacional) están disponibles en YouTube en su idioma original, por ejemplo, el primero (aunque sin subtitulado en castellano, por desgracia). No debe confundirse la serie The Adventures of Robin Hood con la película hollywoodense del mismo nombre producida por la Warner Bros. en la década del treinta, con Errol Flynn.

Por estas fechas, en los teatros de toda Gran Bretaña, se está ensayando o estrenando una pantomima llamada Robin Hood.
Todos en el mundo angloparlante saben quién era Robin: un valiente forajido medieval que robaba a los ricos para dar a los pobres. Y la razón por la que todos hemos oído hablar de él es un hombre llamado Joseph Ritson: abogado del siglo XVIII, anticuario, demócrata revolucionario y excéntrico en todos los sentidos.
Él es quien tiñó de rojo la leyenda de Robin Hood, tan a fondo que ni siquiera la peor versión televisiva moderna puede borrarla.
Ritson nació en el seno de una humilde familia campesina allá por 1752, en Stockton-on-Tees [condado de Durham, nordeste de Inglaterra, bajo el reinado de Jorge II]. De adolescente fue aprendiz de un abogado y pasó la mayor parte de su vida adulta viviendo en Londres y trabajando en el negocio inmobiliario.
Tuvo éxito en el ámbito jurídico, pero su mayor pasión era la literatura histórica británica. Se convirtió en un reconocido estudioso de Shakespeare, siempre decidido a volver a las fuentes originales y a atacar sin piedad las atribuciones erróneas, las reescrituras y las ediciones tardías. Sus críticas francas y, a veces, intemperantes hacia otros estudiosos lo convirtieron en una figura controvertida.
Sus numerosos enemigos, y algunos de sus aliados, solían burlarse de Ritson por la dieta vegetariana que había adoptado durante su juventud. En una carta que se conserva, dirigida a su hermana, le advierte que “sin duda te sentirás más sana y, si tienes conciencia o humanidad, más feliz, al abstenerte de comer alimentos de origen animal, que si privas de sus vidas, por complacer un apetito antinatural y seguir una costumbre bárbara, a cientos –si no miles– de criaturas inocentes, a cuyo disfrute tienen tanto derecho como tú”.
También era ateo y, de hecho, en el momento de su muerte, afirmó estar “escribiendo un panfleto que demostraba que Jesucristo era un impostor”.
Las opiniones políticas rebeldes de Ritson surgieron gradualmente a medida que envejecía. Uno de los momentos clave fue su decisión de tomarse unas largas vacaciones en París, durante la Revolución Francesa. Lo que vivió allí le convenció de que el republicanismo, el igualitarismo y la democracia eran el camino a seguir para la especie humana.
Pensaba que era inevitable y totalmente deseable que la Revolución Francesa se extendiera a Gran Bretaña. A diferencia de muchos otros radicales británicos, que abandonaron su apoyo a Francia durante el Terror, Ritson nunca perdió su fe en el ejemplo francés.
Esta visión revolucionaria se unió en 1795 a su amor por la poesía, las canciones y las baladas medievales británicas, y a su misión de localizar y preservar sus textos más puros e incorruptibles, cuando publicó la obra por la que se le recuerda.
Su libro sobre Robin Hood tenía como objetivo recopilar todas las historias auténticas, todos los fragmentos de información, sobre Robin para situarlo en un contexto tanto histórico como literario.
De este libro se deriva el concepto de Robin como héroe popular (“pues toda oposición a la tiranía es la causa del pueblo”) y luchador por la libertad. La idea del noble forajido, que solo mata cuando se ve obligado a ello, que nunca roba excepto a los ricos y corruptos, y que apoya y es apoyado por la gente común del bosque, proviene casi en su totalidad de los influyentes escritos de Ritson.
Es razonable decir que Joseph Ritson fue “el hombre que inventó a Robin Hood”, al menos al Robin conocido desde principios del siglo XIX hasta hoy.
En los últimos años de su vida, su comportamiento se volvió cada vez más errático y perturbado, y padeció diversos problemas de salud, hasta que murió en un manicomio de Hoxton en 1803. El Robin de Ritson siguió siendo una figura importante para los demócratas y socialistas de los siglos XIX y XX, y cada generación volvió a contar sus historias de forma acorde con los acontecimientos y las ideologías de cada momento.
Durante la segunda mitad del siglo XX, la leyenda se mantuvo viva, e incluso se amplificó, gracias a la serie de televisión de Hannah Weinstein de 1955-59, The Adventures of Robin Hood [143 episodios de media hora en cuatro temporadas, la última de las cuales coincidió con el lanzamiento del libro de Hobsbawm Rebeldes primitivos], que se ciñó fielmente a la visión ritsoniana de Robin. Protagonizada por Richard Greene en el papel de Robin, fue una tira dramática de gran calidad, que aún hoy sigue siendo admirada por la crítica y recordada con cariño. Lo que la mayoría de la gente no sabía en ese momento era que todo se trataba de una conspiración comunista.
Weinstein era una disidente norteamericana exiliada en Londres. Trabajó con el Partido Comunista de los Estados Unidos para crear una productora que desarrollara y vendiera programas de TV que dieran empleo a algunos de los muchos escritores estadounidenses que tenían prohibido trabajar en su propio país debido a sus convicciones políticas.
Para The Adventures, contrató a unas dos docenas de guionistas incluidos en la lista negra. Entre estos, trabajando bajo seudónimo, se encontraba Ring Lardner Jr., quien había sido uno de los escritores mejor pagos de Hollywood, pero que fue encarcelado por negarse a declarar, ante una comisión del Senado, si era o no miembro del Partido Comunista. [Corrían los años de la caza de brujas macartista, en plena Guerra Fría.]
Más tarde, Lardner describió la serie de Weinstein, que también vendió a las cadenas norteamericanas, como una ficción que “quizás, en cierta medida, abonó el terreno para la década del sesenta, al subvertir a toda una nueva generación de jóvenes estadounidenses” a través de sus tramas y diálogos antisistema.
En Gran Bretaña, la tira fue un éxito inmediato, lo que convirtió a la flamante ITV [la cadena Independent Television] en un éxito comercial y en una productora seria de material dramático original.
Pero el elemento más recordado de la serie es sin duda el tema musical, con su inmortal primera estrofa (y su ridículamente mala segunda estrofa, búsquenla), que incluye una frase que resume perfectamente al Robin de Ritson y explica por qué siempre será el mayor héroe de Inglaterra:
Temido por los malos, amado por los buenos: Robin Hood, Robin Hood, Robin Hood.
Mat Coward