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Colectivo Kalewche Corsario Rojo Nuevo

Hic Rhodus, hic salta

20 de septiembre de 202620 de septiembre de 2026
Kalewche

Detalle de la ilustración de Andrés Casciani para la portada de Corsario Rojo X.

En la víspera de la primavera austral, nos complace hacer este anuncio: ¡Por fin ha salido Corsario Rojo X, amables y perseverantes lectores de todas las latitudes! Ha sido una larga odisea llena de contratiempos, pero les aseguramos que su paciente espera –digna de Penélope– ha valido la pena… Aquí les dejamos el editorial con el enlace al resto de la revista. Se trata de una publicación en PDF con más de 200 páginas, de acceso totalmente libre y gratuito. ¡Disculpen la tardanza y disfruten la lectura! Ah, hacia el final del editorial encontrarán otro anuncio importante, no muy bueno pero tampoco tan malo… Last but not least: muchísimas gracias a todas las personas que han hecho posible el décimo número de Corsario Rojo: autores, ilustrador, editores, lectores, aportantes, etc.


Entre las muchas obras escritas en la antigua Grecia que han perdurado como clásicos hasta hoy, en gran parte mediadas por traducciones latinas o árabes, la Esópica constituye un caso especial. Ciertamente, las Fábulas de Esopo no sobresalen por razones de grandeza literaria (como los poemas homéricos o las tragedias de Sófocles) ni de genialidad intelectual (como los diálogos platónicos o los tratados de Aristóteles), sino por una popularidad muy sencilla y humilde, sui generis. Popularidad en los dos sentidos de la palabra: masivo reconocimiento del público y profunda conexión con la idiosincrasia popular o la sensibilidad plebeya. Esta extraordinaria popularidad de las Fábulas esópicas –que se remonta a su misma época de redacción, allá por el siglo VII antes de nuestra era– se ha cimentado en una combinación notable de concisión y amenidad narrativas, ingenio didáctico, perspicacia psicológica y sabiduría moral, amén de pinceladas muy oportunas de humor e ironía. Tal combinación de cualidades explica su éxito no solo en todo tiempo y lugar (generaciones antiguas y modernas, sociedades occidentales y no occidentales), sino también entre distintas edades, incluyendo la infancia, como sucede con muchos mitos y leyendas, o con los cuentos de hadas.

Valerse de animales antropomórficos –inteligentes, conscientes, parlantes– es una de las claves del éxito popular de la Esópica, sin dudas, aunque no se trata de una invención de su autor, ni tampoco helénica (circulaban muchas fábulas zoológicas en las civilizaciones antiguas del Cercano y Lejano Oriente). Por supuesto que no siempre los fabulistas optan por humanizar la fauna silvestre o doméstica de su entorno. Pueden preferir, a veces, personajes directamente humanos. Esto vale también para Esopo, el más célebre de los fabulistas de la literatura universal. Un buen ejemplo es “El atleta fanfarrón”, o simplemente “El fanfarrón”, la fábula que más abajo transcribimos, y de la cual solo se han conservado versiones tardías en latín; un problema que afecta a casi todos los relatos de la Esópica, puesto que la recopilación original en griego (datada a fines del siglo IV a.C. y atribuida a Demetrio de Falero, con cerca de quinientas fábulas) está extraviada.

Un atleta que era muy conocido de sus conciudadanos por su falta de vigor, partió un día para el extranjero. Volvió al cabo de algún tiempo, pregonando que había llevado a cabo varias proezas en distintos países; contaba sobre todo haber hecho en Rodas un salto que ninguno de los atletas coronados en los juegos olímpicos era capaz de realizar, añadiendo que presentaría a los testigos de su hazaña si los que allí se hallaban presentes venían alguna vez de su país.

Uno de los que escuchaban tomó la palabra y dijo:

—Oye, amigo: si eso es verdad, no hacen falta testigos; ¡esto es Rodas, salta aquí!

Enseña esta fábula que cuando no puede probarse una cosa con hechos, todo lo que se diga sobra.

Este es el origen –ya podemos ir al grano– del proverbio latino hic Rhodus, hic saltus (literalmente: «aquí Rodas, aquí el salto»), paremia tan o más famosa que la propia fábula del griego Esopo, aunque contemporáneamente la conocemos más bien en su variante hic Rhodus, hic salta («aquí Rodas, salta aquí»), introducida por Marx a mediados del siglo XIX. En el prólogo a Principios de la Filosofía del Derecho (1821), Hegel escribe […]


Para seguir leyendo el editorial de Corsario Rojo X y acceder al resto de la revista, hacer clic aquí:

https://kalewche.com/cr10

Etiquetado en: anticapitalismo Corsario Rojo X El atleta fanfarrón Fábulas de Esopo Hegel Marx parresía

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