Ilustración extraída del blog de la autora: https://caitlinjohnstone.com.au
El genocidio que Israel comete en Palestina es, sin lugar a dudas, la causa, ya no sólo política ni ideológica, sino principalmente moral de nuestro presente histórico. Y esto es así no sólo por la voluntad de un Estado poderoso de eliminar de la faz de la tierra a todo un pueblo, sino también por la complicidad abierta o la indeferencia miserable –y no menos cómplice– de las grandes potencias internacionales hacia el genocidio palestino. Es cierto que la contundente denuncia de la barbarie israelí por parte de amplios sectores sociales de distintos pueblos del globo está obligando a algunos gobernantes a abandonar su tradicional apatía frente al tema, e incluso a tomar distancia con respecto al gobierno del criminal Netanyahu; sin embargo, son pocos los países que han tomado medidas concretas para denunciar e intentar frenar los crímenes del autopercibido «ejército más moral del mundo». Ya no cabe ninguna duda de que la política del Estado de Israel hacia los palestinos –no sólo los gazatíes– está orientada a exterminar a dicho pueblo. Así como los Vernichtungslager del nazismo generó y sigue generando ante la opinión pública mundial un rechazo sin objeciones, el mismo efecto debería producir en nosotros el inmenso campo de exterminio a cielo abierto en el que Israel ha convertido a la Franja de Gaza. Si alguna vez la candidez nos llevó a preguntarnos “¿cómo es posible que haya sucedido el holocausto –la Shoá, para los judíos– antes los ojos de miles de personas que lo tomaron como un hecho más del mundo y no alzaron la voz en contra?”, hoy no es posible mantener esa ingenuidad. Un nuevo holocausto –cuyos antecedentes se remontan a la ocupación colonial de los territorios palestinos y la Nakba de 1948– está teniendo lugar ante nuestros ojos, transmitido en tiempo real por las pantallas de nuestros dispositivos electrónicos. En nuestro presente histórico ya no hay sitio –¿alguna vez lo hubo?– para las “almas bellas”.
Queremos compartir con ustedes las traducciones de algunas publicaciones de la intelectual australiana Caitlin Johnstone de estas últimas semanas, referidas al asunto palestino. Ella, como también nosotros, considera que tenemos “la obligación moral de oponernos al genocidio y el apartheid”. A continuación, encontrarán los artículos “A nadie le importa un carajo el 7 de octubre” y “Tenés la obligación moral de oponerte al genocidio y al apartheid, independientemente de tu religión” aparecidos en el tercer aniversario de la incursión y el ataque de Hamás en territorio israelí, “El sionismo es, obviamente, una ideología racista”, del 5 de octubre, y “Ser firmemente propalestino te ayuda a eliminar a la gente horrible de tu vida”, publicado el 1 de octubre de 2026, extraídos todos del blog de Caitlin Johnstone y traducidos por nosotros para nuestros lectores. Para no perturbar una lectura atenta, hemos obviado los hipervínculos del texto, que pueden consultarse en las publicaciones originales.
A NADIE LE IMPORTA UN CARAJO EL 7 DE OCTUBRE
A nadie le importa una carajo el 7 de octubre.
A nadie le importa. Antes sí, pero luego Israel se pasó tres años demostrando al mundo qué fue lo que condujo al 7 de octubre. Tras ser testigos de la crueldad y la barbarie del Estado de Israel, la gente ahora lo entiende. Todo el mundo lo entiende.
Después de que Hamás lanzara la Operación Inundación de Al-Aqsa la mañana del 7 de octubre, se produjo una avalancha de amor y solidaridad hacia Israel procedente de todo el mundo. Todos los monumentos emblemáticos, desde la Torre Eiffel hasta la Ópera de Sídney y el Empire State Building, se iluminaron de azul y blanco en solidaridad con el pueblo israelí. Hombres adultos lloraron. Bono arruinó para siempre Pride (In The Name of Love) al cambiar la letra por: “A primera hora de la mañana del 7 de octubre, mientras el sol sale en el cielo del desierto, Estrellas de David, te quitaron la vida, pero no pudieron quitarte tu orgullo”.
Cualquiera que no hubiera seguido muy de cerca el conflicto entre Israel y Palestina se puso del lado de Israel aquel día. Y entonces empezaron a caer las bombas.
Y a caer las bombas.
Y a caer las bombas.
Y a caer las bombas.
Y, a medida que caían las bombas, la popularidad de Israel caía con ellas.
Después de ver a tantos niños víctimas de los bombardeos israelíes, uno no puede menos que sospechar que hay algo terriblemente equivocado en el proyecto sionista.
Después de ver tantas fotos y vídeos publicados por soldados de las FDI vestidos con la ropa interior de mujeres palestinas muertas y desplazadas, uno no puede menos que preguntarse si no hay algo terriblemente equivocado en la cultura del ejército israelí.
Después de ver tantas encuestas israelíes publicadas mostrando un apoyo abrumador a la ofensiva en Gaza, uno no puede menos que creer que hay algo terriblemente equivocado en la sociedad israelí misma.
Después de ver tantas instituciones humanitarias de prestigio determinar que Israel es culpable de genocidio, uno no puede menos que reconocer exactamente lo que está viendo.
Después de ver tantos hospitales bombardeados, tantos kilómetros de barrios completamente arrasados, tantos relatos espeluznantes de prisioneros palestinos brutalmente violados y torturados por soldados israelíes, uno no puede menos que dejar de creer en las excusas, justificaciones y giros propagandísticos.
Y una vez que la hasbará [propaganda israelí] deja de funcionar, solo quedás vos frente a la realidad desnuda de la situación, mirándose directamente a los ojos.
Los propagandistas y expertos en manipulación se han desvivido tratando de presentar el desplome del apoyo mundial a Israel como una epidemia de “antisemitismo”, pero eso tampoco funciona ya. Todos saben que es una mentira. Nadie se lo cree. Solo da la sensación de que están insultando a tu inteligencia.
El holocausto de Gaza fue la peor cosa que he visto en toda mi vida. Día tras día, mes tras mes, año tras sangriento año mirando de frente esa pesadilla despierta me cambió para siempre, y no hay nada en mí que pueda olvidar los horrores que presencié. Y el mundo está lleno de personas que tuvieron exactamente la misma experiencia que yo.
El apoyo a Israel nunca va a volver. Cuando las luces parpadean y ves que la habitación en la que has estado parado está llena de escorpiones, no vas a olvidar lo que viste cuando las luces se apaguen otra vez.
Todos los acontecimientos que ocurrieron después del 7 de octubre mostraron al mundo cómo era la vida de los palestinos antes del 7 de octubre. Israel lanzó una piedra al aire y pasó tres años llorando cuando la piedra le cayó en la cabeza.
Los hasbaristas se han agitado por todos lados tratando de borrar todo lo que pasó antes del 7 de octubre y de justificar todo lo que ha pasado desde entonces, pero sus palabras ya son solo palabras. No tienen más poder. Y ahora es solo cuestión de tiempo antes de que el mundo se vuelva contra Israel para reparar los errores del pasado y devolver las cosas a como deberían ser. Del río al mar.
TENÉS LA OBLIGACIÓN MORAL DE OPONERTE AL GENOCIDIO Y AL APARTHEID, INDEPENDIENTEMENTE DE TU RELIGIÓN.
Juzgo el carácter de las personas judías en función de si se oponen o no al Estado genocida y de apartheid de Israel. Así es también como juzgo el carácter de las personas que no son judías.
Desde que el Partido Verde del Reino Unido presentó la moción “El sionismo es racismo”, hemos visto circular esta narrativa según la cual los judíos estarían, de alguna manera, exentos del deber humano básico de oponerse al genocidio y al apartheid, simplemente porque el apoyo a Israel resulta ser algo habitual entre la comunidad judía.
La clase política y mediática británica ha estado atacando frenéticamente la postura de los Verdes –objetivamente correcta– tachándola de antisemita, y ha ido publicando un comunicado tras otro en los que proclama que es erróneo pedir a los judíos que se opongan a una ideología política abiertamente racista y destructiva.
La Campaña contra el Antisemitismo, citada en el Financial Times, acusa a los Verdes de imponer una “prueba de pureza extremista” a los judíos.
El Movimiento por el Judaísmo Progresista, citado en The Guardian, afirma que “la autodeterminación judía es un derecho. Tacharla de racista es un ataque contra los judíos. El Partido Verde ha optado por tildar de racistas a los judíos que defienden esta creencia y condicionar su participación en igualdad de condiciones en el partido a que renuncien a ella”.
“La moción antisionista del Partido Verde es otro intento más de decirnos a los judíos cómo debemos pensar”, reza el titular de un artículo de The Guardian firmado por Jonathan Freedland.
“Los judíos británicos no deberían tener que renegar de su creencia en la autodeterminación judía y en la existencia de Israel para ser aceptados por un partido político británico”, afirmó el portavoz de Interior de la oposición, Chris Philp, en unas declaraciones publicadas por la BBC.
“Pedir a los judíos que superen una prueba de pureza y renuncien a la autodeterminación según una interpretación perversa aplicada de forma arbitraria no es solo una postura extrema, sino racista”, añade la baronesa Luciana Berger.
Estoy absolutamente fascinada por esta idea de que los judíos son una especie de criaturas mágicas, como duendes o hadas, a las que simplemente no se aplican las normas habituales de la decencia humana. Si por casualidad perteneces a esta religión en concreto, entonces, de alguna manera, se convierte en una «prueba de pureza» abusiva el hecho de que se espere que te opongas a un Estado fundamentalmente racista basado en un apartheid y una limpieza étnica sin fin.
No funciona así. Todos tenemos la obligación moral de oponernos al genocidio y al apartheid, sea cual sea nuestra religión. Tenés la responsabilidad moral de rechazar las ideologías políticas racistas. Si no lo hacés, entonces sos racista. No hay excepciones especiales.
Es cierto que la mayoría de los judíos apoyan a Israel. El argumento de que el apoyo mayoritario convierte una postura en válida es una falacia denominada “argumentum ad populum”: el hecho de que una postura sea popular entre un grupo determinado no dice nada sobre su corrección. En su momento, todo tipo de atrocidades contaron con el apoyo de la mayoría de la población. Hubo un tiempo en el que se creía ampliamente que era perfectamente legítimo poseer a un ser humano si sus antepasados procedían de África, pero, con mayor claridad moral, ahora todos reconocemos que eso estaba mal.
El sionismo no es diferente; es una ideología política cuyas manifestaciones concretas nunca han dejado de incluir políticas racistas y de limpieza étnica. Si creés que los judíos tienen derecho al retorno tras haber estado ausentes de la tierra durante milenios, pero no creés que los palestinos tengan derecho al retorno tras décadas en el exilio, entonces sos, obviamente, un racista. Si apoyás una ideología que impuso un Estado étnico recién creado sobre un grupo étnico preexistente que, de repente, se vio sometido a la limpieza étnica y al apartheid, entonces, por supuesto, sos racista. La religión que elijas no te exime mágicamente de ello.
A todo el mundo se le debería exigir que superara la «prueba de pureza» de renunciar a un Estado de apartheid genocida. Los judíos no son una excepción a esta realidad moral evidente por sí misma.
EL SIONISMO ES, OBVIAMENTE, UNA IDEOLOGÍA RACISTA. LOS ESTADOS ÉTNICOS BASADOS EN EL APARTHEID NO DEBERÍAN EXISTIR, Y ES RACISTA CREER QUE SÍ DEBERÍAN. ES SORPRENDENTE QUE ESTO NO RESULTE OBVIO PARA TODO EL MUNDO
El domingo, los Verdes del Reino Unido aprobaron una moción en la que se afirma que el sionismo es una forma de racismo, definiendo dicha ideología como “un proyecto político etnonacionalista”.
El líder del Partido Verde, Zack Polanski, que es judío, fue inmediatamente inhabilitado por el Gobierno israelí para entrar en el país tras la aprobación de la moción.
Como era de esperar, los defensores de Israel están difundiendo actualmente propaganda (hasbara) para intentar presentar la nueva política del Partido Verde como un ataque malicioso contra los judíos y argumentan que el sionismo es, en realidad, algo perfectamente encantador y normal que todos deberíamos apoyar.
“El sionismo no es más que la creencia de que los judíos merecen una patria y el derecho a la autodeterminación”, afirman, añadiendo a menudo la insinuación de que los verdaderos racistas son aquellos que se oponen a una postura tan razonable.
El problema con estos argumentos es que ya han sido refutados de forma contundente por la realidad objetiva. No se puede simplemente inventarse una definición del sionismo que suene bien cuando lleva ocho décadas existiendo un Estado sionista que nos muestra con toda claridad qué es exactamente el sionismo. El sionismo significa apartheid incesante, limpieza étnica, guerra, genocidio y abusos. Eso es el sionismo. Las pruebas están ahí. Es un asunto zanjado.
No hay forma de aplicar el sionismo sin aplicar políticas fundamentalmente racistas. Como dijo Richard Sanders: “Si se te ocurre una forma de crear una entidad política definida étnicamente en un territorio que, al inicio del proceso, estaba poblado casi en su totalidad por personas de otra etnia, sin recurrir a la limpieza étnica y al apartheid, entonces tienes que decírselo a los israelíes. Porque ellos, desde luego, nunca lo han conseguido”.
El escritor palestino Mohammed El-Kurd lo resumió de forma elocuente con la siguiente anécdota:
“En una reciente reunión a puerta cerrada celebrada en Londres para debatir sobre el BDS [el movimiento internacional “Boicot, Desinversiones y Sanciones”] con diversos editores y escritores, un autor muy conocido y bienintencionado me preguntó si el sionismo podía tener un doble significado: para algunos, es un movimiento colonialista motivado por la expansión y la eliminación racial, y para otros es un movimiento en favor de la autodeterminación judía. «No», le respondí. «El sionismo se define mejor por sus manifestaciones materiales –la más reciente de las cuales es el genocidio–. Es irrelevante si puede abarcar múltiples significados»”.
En otras palabras, el sionismo es lo que hace. Y lo que hace es visible para todo el mundo.
No cabe duda de que el sionismo implica necesariamente racismo, apartheid y abusos; si no fuera así, el Estado moderno de Israel habría existido en algún momento sin ellos.
Si creés que el racismo, el apartheid y los abusos son malos, entonces te oponés necesariamente al sionismo. Si apoyás el sionismo, entonces apoyás necesariamente el racismo, el apartheid y los abusos. Si me decíss que se puede tener sionismo sin racismo, apartheid ni abusos, entonces simplemente me estás mintiendo. Y quizás también te estás mintiendo a vos mismo.
Los Estados étnicos basados en el apartheid genocida no deberían existir, y es racista creer que deberían existir. Es sorprendente que esto no resulte obvio para todo el mundo.
SER FIRMEMENTE PROPALESTINO TE AYUDA A ELIMINAR A LA GENTE HORRIBLE DE TU VIDA. ES COMO ROCIARTE CON UN REPELENTE DE IMBÉCILES
Ser firmemente propalestino es la forma más eficaz de eliminar de tu vida a toda la gente más detestable.
Te deshacés de todos ellos. Sionistas. Islamófobos. Narcisistas apáticos. Fanáticos de derechas que siguen al rebaño sin detenerse a reflexionar. Cobardes morales que justifican a los agresores con su discurso de «ambos bandos». Niños grandes emocionalmente inmaduros que convierten cualquier conversación difícil en un ejercicio mental del tipo “permitime hacer de abogado del diablo” para evitar sentir emociones humanas normales. Víctimas de la metaironía occidental que les pudre el cerebro, con actitud relajada y demasiado «cool» para lo que está de moda. Es como rociarte con un repelente de imbéciles.
Apoyar a Palestina no te convierte automáticamente en una buena persona; oponerse al genocidio y al apartheid es simplemente la postura mínima y básica que todos estamos moralmente obligados a adoptar. Pero apoyar a Israel contra los palestinos sí que te convierte automáticamente en una mala persona.
Palestina es un tema interesante, ya que la postura que alguien adopta al respecto no solo te da una idea de sus ideas políticas, sino que te revela quién es como persona. Si alguien es capaz de escucharte hablar de todas las atrocidades que Israel ha cometido en Gaza y, aun así, sigue en desacuerdo con tu postura al respecto, entonces no es el tipo de persona que querés tener en tu vida. Si es capaz de ver todos esos videos de niños destrozados por la metralla y las imágenes de satélite que muestran barrios enteros reducidos a polvo y, aun así, sigue pensando que vos sos el problema por oponerte a esas cosas, entonces te está demostrando que hay algo profundamente equivocado en él como ser humano.
No he perdido ni una sola relación que me importe en estos últimos tres años. Me he distanciado de algunos viejos conocidos detestables que nunca me han caído bien, pero todas las personas a las que realmente valoro y quiero mantener en mi vida están totalmente de mi lado en lo que respecta a odiar a Israel y apoyar a los palestinos. Resulta que había hecho un buen trabajo rodeándome de personas decentes en los años previos al holocausto de Gaza, pero si no lo hubiera hecho, habría alejado a los partidarios del genocidio sin dudarlo un instante, y me habría alegrado de que las circunstancias les obligaran a mostrarme su verdadera naturaleza.
Sin embargo, ni siquiera hace falta que te lo tomes con tanto dramatismo. Por lo general, basta con mantener tu postura y negarte a que te intimiden para que esas personas se alejen de vos. Si saben que considerás que toda su visión del mundo es errónea y que su sistema de valores es depravado, y saben que no pueden hacerte cambiar de opinión, probablemente no querrán pasar tiempo con vos.
En un mundo que se ha vuelto completamente loco, es importante encontrar pequeños puntos de referencia que te ayuden a orientarte moralmente para no dejarte arrastrar por la locura del rebaño. Palestina es uno de esos puntos de referencia, porque es una postura moral tan evidente que resulta imposible ignorarla. Pero en un mundo desquiciado, insistir en la cordura a menudo hará que los insanos se vuelvan contra vos.
Caitlin Johnstone