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Christiane Kiesow Nuevo Parley

Los poemas satánicos de Marx. O bien: Crítica poética y teoría de la conspiración

6 de septiembre de 20266 de septiembre de 2026
Kalewche

Intervención digital anónima de un fragmento del fresco El sermón del Anticristo, detalle con Cristo y el Diablo (capilla de la Madonna di San Brizio), 1499-1504, de Luca Signorelli. Fuente: www.classicalpoets.org

El artículo que tradujimos y publicamos aquí apareció en alemán en la revista Signaturen, probablemente en 2021 (allí se menciona que tres años antes se había celebrado el bicentenario de Marx). Su autora, Christiane Kiesow, es una política local alemana del partido Die Linke en Greifswald (Mecklenburg‑Vorpommern), que en enero de 2025 se hizo conocida por lanzar una “tarta de espuma” al líder del FDP, Christian Lindner, durante un acto de campaña. Aquí, el objeto arrojado resulta ser más sutil y simbólico, aunque no por ello se trate de un lanzamiento menos certero; el blanco lo constituye el delirante pastor luterano rumano Richard Wurmbrand, quien habría descubierto el supuesto satanismo del joven Marx, en un rapto de hiperliteralidad, en algunos de sus primeros poemas.
De la misma manera en que todo escritor crearía a sus precursores –como señaló Borges–, las declaraciones delirantes de deleznables sujetos con poder –que, “si no fueran tan temibles / nos darían risa. / Si no fueran tan dañinos / nos darían lástima”– también tienen un efecto retroactivo sobre sus antecesores, por lo menos en cuanto al rescate fugaz de figuras que habían sabido granjearse nuestro más absoluto y justiciero olvido. Si hoy podemos hablar de Wurmbrand como de un mileísta
avant la lettre, es gracias al vergonzoso papel –¡una vez más!– que hizo el presidente argentino ante un auditorio de alumnos del colegio ORT, y ante el mundo entero. Allí dijo, sin inmutarse y en un notable tono teologizante al que ya nos tiene acostumbrados, que “Marx era satanista”, citando el libelo Marx y Satanás (1976) del pastor anticomunista.
Esta reseña crítica de Christiane Kiesow aborda con humor ácido y corrosivo el otro brulote de Richard Wurmbrand, titulado La otra cara de Karl Marx, de 1978.


Probablemente muy pocos saben que Marx escribió poemas a la tierna edad de 18 años. Tampoco es de extrañar, pues “Marx era, como poeta, sumamente epigonal. Se mantuvo por completo atrapado en las modas literarias gastadas de su época”.1

Incluso su artículo en Wikipedia reconoce a Marx como filósofo, economista, teórico social, periodista político y protagonista del movimiento obrero, pero falta la calificación de “poeta”. Así pues, su poesía juvenil no ha logrado llegar a nuestra memoria colectiva. Quizás se hubiera podido salvar para unos cuantos nerds de la literatura, si Marx también hubiera formulado su propia poética. Sin embargo, según Hans Magnus Enzensberger, afortunadamente nunca se pronunció en detalle sobre la poesía: “Solo podemos especular sobre lo que nos hemos ahorrado gracias a ello”.2 Así, la lírica también quedó al margen del canon institucional. Quien, a pesar de todo, se interese por los poemas de Marx, puede encontrarlos en línea en las bases de datos correspondientes o recurrir a una versión impresa de la editorial Svato. Con motivo del bicentenario de su nacimiento, hace tres años3, la editorial, especializada en el diseño artístico de ilustraciones para libros, publicó un volumen.

Durante mucho tiempo tampoco supe nada de esta primera etapa de su obra lírica. Pero en el marco del debate que se ha reavivado recientemente sobre el tema de la crítica poética4, me he dedicado más a fondo a la diversidad de formatos de reseña –¿Sabían que, en el siglo XVIII, cuando la crítica literaria, tal como la conocemos hoy, comenzaba a tomar forma, las reseñas por entregas eran una práctica común? Al igual que con las novelas por entregas, los lectores y lectoras a menudo tenían que esperar hasta la siguiente edición de una revista para poder leer una crítica hasta el final. ¡La famosa crítica de Schiller a los poemas de Bürger, por ejemplo, se le presentó al público en pequeñas dosis!)–, y así me topé con una reseña maravillosamente curiosa de los poemas de Marx.


La otra cara de Karl Marx

En 1987, Richard Wurmbrand publicó una «crítica poética» que, a través de la interpretación de los poemas de Marx, pretendía demostrar que “los creadores y portadores históricos [del marxismo] eran, en secreto, adoradores del diablo”. Por lo tanto, escribió una crítica poética que es al mismo tiempo una teoría de la conspiración –sobre un autor cuyos poemas nadie lee–, desde una perspectiva de crítico ajeno a las secciones culturales. Con ello, su reseña se sale por completo del marco de esos estándares tácitos que hoy en día se aplican en su mayoría a la crítica poética.

Wurmbrand (fallecido en 2001) fue pastor, fundó la organización de ayuda “Iglesia de los Mártires” y, aún en 2006, figuraba entre los 100 rumanos más famosos. De su autoría son publicaciones con títulos como “Pequeñas notas que armonizan entre sí”, “La canción del amor” y “De boca de los niños”, pero también libros como Jesús, amigo de los terroristas y El Evangelio manchado de sangre. La polémica general contra Marx, que incluye, entre otras cosas, la crítica de la poesía, ha sido publicada por la editorial Stephanus Edition y se titula: La otra cara de Karl Marx. La portada del libro ya invita a sonreír. El retrato de Marx está partido en dos partes, lo que sugiere un trastorno disociativo de identidad. Alrededor de la cabeza hay círculos rojos (!) que simbolizan la propagación ondulatoria de los pensamientos de Marx. Según un comentario en Amazon, la presentación logró surtir efecto. Alguien escribe: “En mi opinión, de Marx no emanan buenas vibraciones”.

El hecho de que la «reseña» esté entretejida en un texto más amplio también contradice los estándares actuales de la crítica poética, en la que las reseñas se producen principalmente como textos singulares y autónomos.


¡Unas cuantas muestras!

Pero, ¿cómo se analizan los poemas de Marx? Una primera muestra:

“…escuchen primero la extraña confesión que Marx hace en su poema «El juglar»:

«¡Qué, qué! Clavo, clavo sin fallar
Sangre negra el sable en tu alma,
Dios no lo conoce, Dios no aprecia el arte;
Se alzó hasta mi mente desde el vaho del infierno,

Hasta que el cerebro se volvió loco, hasta que el corazón se transformó:
Lo he comprado, vivo, al Oscuro.
Él me marca el compás, él traza las señales (…)»

Estas líneas cobran significado cuando se sabe que, en los rituales de la consagración superior del culto al diablo, se le vende al candidato una espada encantada que le asegura el éxito. Él paga por ella firmando con sangre de sus venas un juramento de que, tras la muerte, su alma pertenecerá al diablo. Para que poemas como este se entiendan mejor, debo mencionar que La Biblia satánica llama a Satanás «el príncipe inefable de las tinieblas que gobierna la Tierra», después de afirmar que «el crucifijo simboliza la pálida impotencia que cuelga de un árbol».”

Wurmbrand recurre aquí a todos los recursos retóricos. Para dar verosimilitud a su teoría de la conspiración, elige un fragmento de la balada de Marx que se presenta de manera particularmente sombría. Sin embargo, no le revela a su público lector que se trata del monólogo de uno de los dos personajes que interactúan entre sí, a saber, el de un juglar. El personaje que se opone diametralmente al músico callejero comenta horrorizado:

“Juglar, juglar, ¿por qué tocas con tanto ímpetu
Juglar, ¿por qué miras a tu alrededor con tanta ferocidad?
¿Por qué te hierve la sangre, por qué se agita en oleadas?
¡Se romperá tu arco!”

Al omitir esta parte del poema, Wurmbrand tiene que justificar menos ante su público lector su verdadero objetivo: equiparar las expresiones del juglar con la actitud intelectual del autor. Todo ello se completa con la afirmación, formulada como una oferta de ayuda, de que solo con conocimientos especializados se puede desentrañar correctamente el significado de este poema. Solo los intérpretes con una experiencia como la suya podrían desentrañar por completo el contenido del texto, así lo sugiere. La cita bíblica sirve aquí para autorizarse a sí mismo.

También en el poema “La oración del desesperado”, Wurmbrand demuestra de manera llamativa su «profundidad bíblica»:

“«Quiero construirme un trono,
fría y gigantesca será su cima,
que el horror sobrehumano sea su baluarte,
¡y que su mariscal sea el tormento sombrío!»

«Quien lo contemple con ojos sanos,
que se aparte mortalmente pálido y en silencio,
abatido por la ciega y fría mortalidad,
que la felicidad le prepare su tumba.»5

(…) Las palabras «Quiero construirme un trono» y la afirmación de que de quien se sienta en ese trono solo provienen el temor y el sufrimiento, recuerdan la jactancia arrogante de Lucifer: «Subiré al cielo y elevaré mi trono por encima de las estrellas de Dios» (Isaías 14:13).”

De igual manera procede con un fragmento de Oulanem:

“Es notable que la eternidad signifique «tortura» para los demonios. Y así también los demonios le preguntaron a Jesús: «¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?» (Mateo 8:29). Lo mismo ocurre con Marx:

«¡Ja, eternidad! ¡Es un dolor eterno,
una muerte indescriptible e inconmensurable!
¡Miserable obra de arte, accionada ciegamente y de manera mecánica,
para ser el bufón del calendario del tiempo,
para existir, para que al menos algo suceda,
para desmoronarse, para que al menos algo se desmorone!»”

A continuación, Wurmbrand se centra en el estilo de escritura de Marx. Interpreta la elección de los recursos estilísticos como una referencia oculta al alejamiento del autor de Dios:

“Es significativo que Oulanem sea una distorsión de un nombre sagrado: es un anagrama de Emanuel, un nombre bíblico de Jesús, que en hebreo significa «Dios con nosotros». En la magia negra, estas distorsiones de nombres se consideran eficaces. (…) Estas distorsiones estaban tan arraigadas en la forma de pensar de Marx, que las aplicaba en todas partes. Respondió al libro de Proudhon La filosofía de la miseria con otro: La miseria de la filosofía. En él escribió: «El arma de la crítica no puede, sin embargo, sustituir a la crítica de las armas». (…) Marx aplica esta técnica en muchos pasajes. Tiene lo que se podría llamar un estilo típicamente satánico.”


El argumento decisivo

Pero aún hay más:

“Hitler también era poeta. Aunque es de suponer que nunca leyó los poemas de Marx, el parecido es sorprendente. En sus poemas, menciona las mismas prácticas satánicas. Cito uno de ellos:

«En noches gélidas, a veces voy
al roble de Wotan en el jardín silencioso,
para sellar un pacto con las fuerzas oscuras.
La luz de la luna hace aparecer las runas.
Las que durante el día se bañaban en la luz del sol
se hacen pequeñas ante el hechizo mágico»”

¡Una comparación con Hitler! Con un triple salto de afirmaciones ocultas. Porque, de alguna manera, habría que aceptar varias suposiciones a la vez. Primero: que el poema de Hitler, con su vocabulario de la mitología germánica, es satánico. Segundo: dado que Hitler causó mucho sufrimiento, debe de haber sido satanista. Tercero: el poema de Hitler se asemeja a los poemas de Marx. ¿Entonces también se demuestra que Marx es malvado, es decir, satanista? Es una deducción bastante descabellada.

Wurmbrand reformula una vez más su interpretación biográfica de los poemas:

“Empezamos a entender lo que le sucedió al joven Marx. Tenía convicciones cristianas, pero no una vida de fe. (…) Luego, evidentemente, entró en contacto con la congregación secreta del Diablo y recibió los ritos de consagración. Satanás, a quien sus adoradores ven en orgías alucinatorias, habla a través de ellos. Así, Marx se convierte ahora en el portavoz del Diablo cuando, en su poema «La oración del desesperado», pronuncia las palabras: “Quiero vengarme de Aquel / que reina allá arriba»6”

…y concluye su análisis con un claro juicio de valor:

“Los poemas de Marx (…) son importantes porque revelan el estado de su corazón, pero desde el punto de vista literario carecen de todo valor.”


¿Y ahora qué?

En un mundo donde incluso existe fanfiction de Ana Frank7, el texto puede interpretarse, por supuesto, como un curioso “crossover” entre dos géneros literarios completamente distintos: aquí se entrelazan la teoría de la conspiración y la reseña poética. Sin embargo, me gustaría invitar a leer el texto, en cambio, como una versión exagerada de una práctica discursiva común en el ámbito de la crítica poética. Porque, si se observa con detenimiento, el texto de Wurmbrand reproduce, en realidad, rasgos típicos de las reseñas de poesía. Con el enfoque psicologizante y biográfico, con la reivindicación de la autoridad interpretativa por parte del crítico, con la repetición de la narrativa de la inaccesibilidad de los poemas, con la demostración ostensible de la erudición del crítico, con la comparación de los poemas con los de otros “autores conocidos” y la identificación de puntos en común, que, sin embargo, deben servir como argumento en contra del poeta, con la breve incursión en algo así como un análisis de estilo, con la dimensión de género “crítico masculino reseña a autor masculino”, hasta llegar al «juicio de valor» final, esta crítica se asemeja a muchas reseñas hermenéuticas habituales (incluso de hoy en día). Hasta se podría interpretar como una parodia involuntaria de esta práctica discursiva.

Además, la teoría del “crossover” solo funcionaría si se partiera de la base de que existe una diferencia clara en el proceso de elaboración de la crítica poética y la teoría de la conspiración. Pero, ¿quizás existan puntos en común insospechados entre la creación de una y la elaboración de la otra? Quizás residen en el efecto “«ajá» estético”, un término de la psicología:

“En estudios empíricos sobre la percepción, Muth y Carbon investigaron en qué medida (…) las percepciones generadas por uno mismo proporcionan placer. Se denomina ‘«ajá» estético’ (…) al efecto según el cual la creación de significado en sí misma proporciona placer. (…) No se trata de que este significado sea realmente cierto (…) Ni siquiera tiene que reducir la complejidad ni resolver por completo los errores de predicción para resultar gratificante. Por ejemplo, se pidió a los participantes que evaluaran un patrón en blanco y negro varias veces. Si descubrían el rostro oculto en él, el gusto por la imagen aumentaba significativamente. (…) Parece que lo importante aquí es un desafío inicial a la hora de encontrar la figura.”8

¿Podría haber aquí algo de esto? ¿O tal vez se trate solo de una teoría descabellada sacada de la nada, por medio de la cual alguien cree haber descubierto una conexión oculta? Decídanlo ustedes.

Christiane Kiesow

NOTAS

1 Escribe Uwe Wittstock en FAZ: www.faz.net/aktuell/feuilleton/buecher/frankfurteranthologie/frankfurter-anthologie-karl-marx-menschenleben-15053862.html
2 Cfr. Hans Magnus Enzensberger, “Poesie und Politik” (1962) En: Einzelheiten II. Poesie und Politik, Frankfurt am Main, Suhrkamp, 1964.
3 Celebrar aniversarios es, sin duda, la forma más burocrática de la cultura de la memoria. Hay plazos que deben cumplirse estrictamente y mucho papeleo de por medio (artículos de periódico, carteles para actos conmemorativos, reediciones de tomos polvorientos, discursos que hay que redactar…). Por eso son tan populares en Alemania. Así que también se puede entender un poco a la editorial Svato. De acuerdo con la lógica del mercado editorial, los aniversarios siempre se aprovechan para publicaciones relacionadas con autoras y autores. Para las editoriales independientes surge entonces el problema obvio de que no vale la pena una reedición de las obras principales de Marx. Por un lado, las grandes editoriales ya ocupan este campo y, por otro, cualquier lector o lectora que no sea muy exigente puede conseguir versiones abreviadas de la RDA por poco dinero en librerías de segunda mano. ¿Qué queda entonces?
4 En la Casa de la Poesía se llevó a cabo, de 2018 a 2020, una “Academia de crítica poética” bajo la dirección de Hendrik Jackson. El objetivo era desarrollar, en pequeños grupos de trabajo, “criterios y métodos contemporáneos para la crítica del género multifacético de la poesía” y, en el sentido schlegeliano o neorromántico, “elaborar críticas ejemplares que hagan justicia al concepto de crítica en el mejor sentido de la palabra y que sean, en sí mismas, obras de arte”. Para ello, los participantes prepararon breves ponencias de inspiración en formato Pecha Kucha [término que viene del japonés y significa literalmente “charla breve” o “cháchara”. Es un formato de presentación creado en Tokio en 2003 por dos arquitectos para evitar las exposiciones largas y aburridas]. Contribuciones como la de Christina Rossi sobre los libros de poesía para niños o la comparación poco convencional de Martina Hefter entre la novela Drácula de Bram Stoker y el libro de poemas 118 de Steffen Popp hacen que el corazón se acelere. Actualmente, el proyecto tiene una continuación: www.lyrikkritik.de/lyrikkritikakademie.
5 Estos últimos cuatro versos que la autora cita directamente del artículo del pastor, no coinciden con los que conocemos de Marx, según MEGA (Marx-Engels Gesamtausgabe):
«Quien mire hacia arriba con ojos sanos,
regrese pálido como la muerte y en silencio,
agarrado por el aliento ciego de la muerte,
que cavará él mismo la fosa de su propia suerte»
(Nota del editor).
6 Estos dos versos no aparecen en la versión de la poesía de Marx que consigna MEGA (Nota del editor).
7 Hola, soy Ana. Cuando los fans apasionados continúan la historia de un libro conocido, se habla de fanfiction. Un ejemplo famoso: El diario de Ana Frank. El escritor Clemens Setz habla de un “nervio tóxico” que, paradójicamente, agudiza la mirada hacia el arte: www.zeit.de/2015/32/fanfiction-anne-frank-sonic-tagebuch
8 Cfr. Marius Raab, Claus-Christian Carbon, Claudia Muth, Am Anfang war die Verschwörungstheorie, Berin, Springer, 2017, pp. 111-112.

Etiquetado en: Karl Marx Marx satánico Poemas satánicos de Karl Marx Richard Wurmbrand

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