Fotografía de Martín Varela Umpiérrez para ladiaria.com.uy
El público lector de Kalewche ya conoce al escritor, docente e historiador uruguayo Sebastián Rivero Scirgalea. El año pasado, en nuestra sección educativa El Faro y la Bruma, compartimos un artículo suyo sobre Emilio Zum Felde (1877-1951), el destacado pedagogo de la República Oriental, quien era oriundo de Colonia del Sacramento, igual que nuestro autor, alguien muy interesado en el pasado de esta ciudad rioplatense tan añeja y singular.
Hoy queremos dar difusión a la veta literaria de Rivero, compartiendo con ustedes una selección de cinco poemas. Los dos primeros, “N.N” y “Barro”, pertenecen a sus libros Pequeños crímenes cotidianos (Vintén, 2008) y Respública (Estuario, 2012), respectivamente. El tercero, sin nombre, fue extraído del poemario el buen amor (Hurí, 2026). Los dos últimos, que tampoco llevan título, son material inédito de reciente redacción.
Rivero Scirgalea es autor de numerosos poemarios y obras históricas. Acaba de incorporarse a la Academia Nacional de Letras del Uruguay. En 2023, ganó el Premio Nacional de Literatura –en el rubro de poesía inédita– por la obra Herida en el paisaje, que al año siguiente fue editada por La Coqueta en Montevideo. Más información acerca del autor aquí.
Nuestra profunda gratitud con Sebastián Rivero Scirgalea, por su gentileza. Hacemos extensivo el agradecimiento al camarada Alexis Capobianco Vieyto, por su colaboración.

N.N
cárceles como
túneles en la sangre
los animales se escurren
recorren los caminos tortuosos
adelgazan sus cuerpos
en las alcantarillas
en las playas se desploman
las bolsas con los N.N
entre las algas
el recuerdo de tu
infancia
la luz sobre las playas
no puedes ver las
colas de zorro plateadas
en los bosques
revientan los músculos
bajo el torno
¿qué música
modula
el resplandor?
voces, palabras, ecos
traza el límite del torbellino
las colas de zorro bajo la
luna
en los bosques
el olor a eucaliptos
las playas cubiertas de
bolsas negras
tu sangre apretada
en los corredores
en las arterias
en los altos hornos
los rituales de la patria
la cárcel
el exilio
el inxilio
las fronteras
pero luego
tu sangre
bullendo
en rebeldía
estoy ciego, estoy ciego
dame un nombre
cubre mis ojos
dispárame, ahógame
dame, por favor
un nombre
al final
el túnel
la luz
al final
tan simple
crímenes cotidianos
bolsas en las playas
de tu infancia (¿las ves?
¿recuerdas?
¿ te dijeron?)
cubriendo el olor
a eucaliptos (¿oliste alguna vez?)
en los bosques plateados
por la luna
y el viento ululando
entre las colas de zorro
la cárcel
un nombre
la patria (¿estuvo? ¿ estuve?
¿acaso me dijeron?)
entre los márgenes
la identidad.
Barro
el río alrededor
un ronco bramido
presionando
amoldando la noche
a sus caprichos
aquí se apaga todo
cae
se muere
en materia densa
cocida en el fondo
aquí la modernidad nunca llega
barro
chapoteando barro
alguien desde los barcos dijo:
algo se ata, se atora
en la garganta
masticado
con unción patria
ración de ungüentos
desinfectados
masticando, rumiando
la propia carne escasa
prendida a las ijadas
hijas ilegítimas
del hambre
pisadas arrastrando barro
lamiendo las costas
ciudad de barro
vida inconsciente
en la resaca que traen las olas
dibujar círculos
(graznidos afónicos de gaviotas)
donde, entre nada, se funda la ciudad
es grave mal la hambre en demasía
hambre la enfermedad la más rabiosa
afirmó (con pudor) el poeta-cronista Martín del Barco Centenera
(pero cuando tienta este tirano
un hermano al otro muerto
bofes y asaduras
le masca
muy gozoso).
(2 de julio de 1608 – de Hernandarias a su rey)
“y volví por la tierra adentro viéndola toda (…) se da todo con grande
abundancia y fertilidad y buena para todo género de ganados (….) gran suma de
corambre y otros frutos de la tierra que se darán en grande abundancia”.
(cuero, mascado y estirado cuero, revistiendo a los animales y plantas, porque
todo se reduce al pellejo aquí, a la muerte seca y putrefacta… venderemos nuestro
propio cuero, seremos carne vibrante, alma doliente, al desnudo)
[Nro. 3]
de las cuatro
manías divinas de Platón
(misterio, profecía, poesía y amor)
¿qué porción minúscula se nos ofrece?
¿dónde está el gozo, dónde la desdicha?
de esos cuatro heroici furores
(dijo Bruno)
¿cuál habita en los intersticios del cuerpo?
¿cuál ronda del animal al deseo?
negados al instinto
ciegos a la mirada del ángel
respiramos en la carencia
nuestro único goce
es la lejanía, la nostalgia.
[Nro. 4]
campos de brea
¿y eso negro en los pulmones?
¿esa pesada noche que envuelve?
ya moriste y te hundiste
en un tiempo que abolió el tiempo.
ya retornaste al origen
a ser pura osamenta, asfixiado hueso.
ahora sos memoria carbonizada
el solitario prisionero de los campos de brea.
campos de brea (2)
retorna con la insistencia del sueño
ese gorgoteo en la garganta
y la noche en los ojos y el cuerpo.
¿acaso ya moriste y permaneces
flotando en los campos de brea?
¿acaso desde esta vida recuerdas
esa otra congelada en la brea?
sabes que la noche llama a la noche
y por eso cuando cierras los ojos
por cientos de años te hundes
en esa viscosa cama de alquitrán.
campos de brea (3)
¿soy el que sueña o el hundido en lo negro?
cuando la noche desciende y se pega al cuerpo
–y el sudor en las sábanas es una mortaja–
vuelve como un eco el otro envoltorio
de los campos de brea
¿cuántos siglos estoy en el sueño
y cuántos en lo viscoso?
¿cuándo lo caliente por la boca ingresa
y se congela en lo onírico del sueño?
ojalá hubiera pausa para esta insistencia
(ojalá esta noche no retorne el burbujear
de los campos de brea).
campos de brea (4)
restos y olvido trae la marea
igual que los campos de brea.
y el durmiente en el sueño se desvela
pensando que se hunde en la arena
negra, y se hunde y se hunde
en la eterna noche de la brea.
¿sigue muriendo o se despierta?
inútil es apartar lo espeso
ese manto del sueño o la brea
(en el fondo estará la respuesta
¿o no tendrá fin la noche eterna?)
igual que los campos de brea
restos y olvido trae la marea.
[Nro. 5]
en esta noche de la piedra
(esta noche que ya no es mía)
Colonia del Sacramento
–pequeña–
desde el río titila.
hay ruinosos ranchos
y blancos miradores
luces, luciérnagas
que la oscuridad perforan.
pero la noche
en lo bajo abre sus ojos
en lo pétreo, lo ajeno
que no pudo ser fundado.
y esa ciudad de ríos de piedra
de venas y linfas enmohecidas
sostiene la noche
de esa otra ciudad que breve respira.
y titila desde sus pequeños ojos
a los barcos que pasan.
*********
una ciudad se oculta en la piedra
igual que puede ocultarse
en la memoria o el sueño
¿no es allí el vientre de la noche?
Colonia del Sacramento
–como tu hermana Buenos Aires–
ya existías en lo ciego del barro.
en esas islas y ese cielo
que navegaban por siempre
y nunca navegaban.
un diseño, un bosquejo borroso
ya habitaba la noche de la piedra
(los hombres y las guerras
fueron veleidades, azares, circunstancias).
**********
esta mano nunca pudo fundar lo ajeno.
Colonia del Sacramento tu carne era piedra
y tus noches eran piedra y tus sueños y tus esperanzas.
ese río de granito, esas vetas que en lo hondo
de la tierra –eso que nace y muere– todavía palpitan.
esa mano no pudo
fundar lo esquivo
ni desgarrar el muro
ni someter a guerra el gris lomo
de esa bestia en calma.
no te hablo a vos, le hablo a esa ciudad
que vive en tus entrañas.
esa mano no pudo, ni esa boca, ni esos ojos
ingresar en la invertida noche
(que el durmiente nunca sea despertado).
************
una ciudad de piedra bajo la ciudad de piedra
y un nombre que es insomnio en el sueño
¿ese tuerto poeta lusitano imaginar pudo
esa noche del sur? ¿esa austral noche
de la piedra bajo la piedra?
Sebastián Rivero Scirgalea